terça-feira, 28 de outubro de 2014
375 - A casa da Poesia de Setúbal foi de visita à escola
Hoje presenciei uma atividade fantástica na Escola Secundária de Bocage. Na Biblioteca realizou-se uma sessão de poesia com a presença da Casa da Poesia de Setúbal e alunos da escola. Foi ocasião para se lembrarem os poetas de Setúbal, se lerem poemas, alguns deles inéditos, ditos por alunos e convidados.
Sabe tão bem ouvir jovens dizerem ( viverem e saborearem) bem a poesia.
Tenho Tanto Sentimento
Tenho tanto sentimento
Que é frequente persuadir-me
De que sou sentimental,
Mas reconheço, ao medir-me,
Que tudo isso é pensamento,
Que não senti afinal.
Temos, todos que vivemos,
Uma vida que é vivida
E outra vida que é pensada,
E a única vida que temos
É essa que é dividida
Entre a verdadeira e a errada.
Qual porém é a verdadeira
E qual errada, ninguém
Nos saberá explicar;
E vivemos de maneira
Que a vida que a gente tem
É a que tem que pensar.
Fernando Pessoa,
segunda-feira, 27 de outubro de 2014
374 - Não gosto de livros
(Obrigado Ana Paula)
Não gosto tanto de livros,
Adília Lopes
Não gosto tanto
de livros
como Mallarmé
parece que gostava
eu não sou um livro
e quando me dizem
gosto muito dos seus livros
gostava de poder dizer
como o poeta Cesariny
olha
eu gostava
eu gostava
é que tu gostasses de mim
os livros não são feitos
de carne e osso
e quando tenho
vontade de chorar
abrir um livro
não me chega
preciso de um abraço
mas graças a Deus
o mundo não é um livro
e o acaso não existe
no entanto gosto muito
de livros
e acredito na Ressurreição
dos livros
e acredito que no Céu
haja bibliotecas
e se possa ler e escrever
domingo, 26 de outubro de 2014
373 - Quando começares a tua jornada para Ítaca
Ithaca
When you start on your journey to Ithaca,
then pray that the road is long,
full of adventure, full of knowledge.
Do not fear the Lestrygonians
and the Cyclopes and the angry Poseidon.
You will never meet such as these on your path,
if your thoughts remain lofty, if a fine
emotion touches your body and your spirit.
You will never meet the Lestrygonians,
the Cyclopes and the fierce Poseidon,
if you do not carry them within your soul,
if your soul does not raise them up before you.
Then pray that the road is long.
That the summer mornings are many,
that you will enter ports seen for the first time
with such pleasure, with such joy!
Stop at Phoenician markets,
and purchase fine merchandise,
mother-of-pearl and corals, amber and ebony,
and pleasurable perfumes of all kinds,
buy as many pleasurable perfumes as you can;
visit hosts of Egyptian cities,
to learn and learn from those who have knowledge.
Always keep Ithaca fixed in your mind.
To arrive there is your ultimate goal.
But do not hurry the voyage at all.
It is better to let it last for long years;and
and even to anchor at the isle when you are old,
rich with all that you have gained on the way,
not expecting that Ithaca will offer you riches.
Ithaca has given you the beautiful voyage.
Without her you would never have taken the road.
But she has nothing more to give you.
And if you find her poor, Ithaca has not defrauded you.
With the great wisdom you have gained, with so much experience,
you must surely have understood by then what Ithacas mean.
-K. P. Kavafis (C. P. Cavafy), translation by Rae Dalven
sábado, 13 de setembro de 2014
372 - O Mar na poesia portuguesa (tradução em inglês)
Sea!
And it is an open poem that echoes
in the conch of the shore...
Ah, if we could only hear it without more lines!
So pure,
So blue,
So salty...
Horizontal miracle
Universal,
Realised in a single word.
Miguel Torga
Diário XV
And it is an open poem that echoes
in the conch of the shore...
Ah, if we could only hear it without more lines!
So pure,
So blue,
So salty...
Horizontal miracle
Universal,
Realised in a single word.
Miguel Torga
Diário XV
segunda-feira, 8 de setembro de 2014
371 - O Mar na poesia portuguesa (traduções em Inglês) 1
But gradually as we sailed
our native mountains disappeared from sight
As we left behind our Tagus and the cools hills
Of Sintra, and our eyes looked longingly upon them;
We also left our beloved land
The heart, that sorrow left there
And, soon after it all was gone,
Finally, we saw nothing but sky and sea.
Thus we were launched upon the seas
Where no generation had set sail,
The new Islands coming and new airs
That generous Henry discovered,
The Mountains and places of Mauritania,
A land possessed, in times, by Antaeus
That lies to our left, there to our right
Another is uncertain but suspected.
Luís de Camões
Os Lusíadas, Canto V, 3 e 4
domingo, 7 de setembro de 2014
domingo, 27 de julho de 2014
A Rede ter-nos-á convertido em leitores superficiais?
¿Están mermando nuestra capacidad de concentración y análisis las nuevas maneras de comunicación de Internet? ¿Google, Twitter y Facebook nos están convirtiendo en perezosos incapaces de afrontar libros de más de 150 páginas? Para el escritor Nicholas Carr (1959-), esta afirmación no está lejos de la realidad: la red, en su opinión, ha conseguido que la lectura de libros y artículos largos se haya convertido en una tarea ardua y compleja para unos individuos cada vez más acostumbrados a “consumir” información fragmentada, titulares breves y contenidos superficiales. Una reflexión polémica que no deja de ser un movimiento bien calculado para tener un mayor impacto precisamente en las redes sociales. Pero que nos lleva a pensar en si realmente nuestra sociedad es capaz de enfrentarse a los libros de gran volumen. ¿Los Miserales, El Quijote, Los Hermanos Karamazov y tantos otros son cosa del pasado?
La publicación de Superficiales: ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? (Taurus, 2011), el último ensayo del norteamericano Nicholas Carr, ha dado visibilidad a una (conservadora) corriente de pensamiento que considera que la red “nos aleja de formas de pensamiento que requieren reflexión y contemplación, nos convierte en seres más eficientes procesando información pero menos capaces para profundizar en esa información y al hacerlo no sólo nos deshumanizan un poco sino que nos uniformizan“. Una afirmación que pretende descubrir un nuevo mal de nuestro tiempo: que los lectores digitales de hoy no están educados para afrontar largas lecturas lineales de ayer.
El propio Carr se pone de ejemplo: “Me doy cuenta sobre todo cuando leo. Antes me era fácil sumergirme en un libro o en un artículo largo. Mi mente quedaba atrapada en la narración o en los giros de los argumentos y pasaba horas paseando por largos tramos de prosa. Ahora casi nunca es así. Ahora mi concentración casi siempre comienza a disiparse después de dos o tres páginas. Me pongo inquieto, pierdo el hilo, comienzo a buscar otra cosa que hacer. La lectura profunda que me venía de modo natural se ha convertido en una lucha.“
¿Realmente Internet ha mermado nuestra capacidad de “devorar” libros? El escritor norteamericano afirma que muchos de sus amigos y él mismo, con formación literaria y acostumbrados a una lectura continua, intensa y constante, han dejado de leer libros. ¿Superioridad y apocalipsis cultural en un solo click?
Por otro lado, Carr habla también de que el estilo de lectura que promueve la Red, “un estilo que coloca la “eficiencia” y la “inmediatez” por encima de todo lo demás, esté debilitando nuestra capacidad para el tipo de lectura profunda que emergió cuando una tecnología anterior, la prensa impresa, hizo comunes y corrientes las largas y complejas obras de prosa“.
Las reflexiones de Carr no se ajustan totalmente a la realidad y muestran la clásica y trasnochada noción de que “cualquier tiempo pasado como mejor”. Los grandes folletines del siglo XIX, que ahora disfrutamos en tomos de más de 500 páginas, se publicaron en realidad de manera fragmentada, en breves episodios semanales. Que nadie se lleve a engaño. Por otra parte, la lectura de grandes libros que Carr rememora como parte del pasado no ha desaparecido. Basta con mirar las manos de los viajeros del transporte público para observar que los libros largos gozan de gran popularidad. Que muchos sean best-sellers de mínima complejidad y escasa profundidad es otra historia. En cuanto a las nuevas tecnologías aplicadas a la lectura, ya es habitual ver que los lectores del siglo XXI se decanten por dispositivos como el Kindle o el iPad. Quizá, presisamente para leer libros que por su peso y volumen sean difíciles de llevar como lectura en el viaje hacia el trabajo en formato papel.
Los textos y los libros largos siempre han atemorizado y aburrido a muchos. Antes de que existiera la red ya existían lectores que temblaban ante la sola mención de largos “mamotretos” aduciendo que se “perdían” entre tanta letra. En el instituto cualquier mención a El Quijote causaba escalofríos y siempre ha habido un sobreesfuerzo por parte de los alumnos a la hora de afrontar los textos clásicos, tan extensos por lo general. Muchos grandes lectores han abandonado “la lucha” de la que habla Carr tras leer 100 páginas de un gran volumen. Esto ha pasado siempre.
Es cierto que, una vez que dejamos el instituto o la universidad, el número de lectural anuales desciende. Y no porque Internet nos robe tiempo o haya conseguido que nuestro nivel de exigencia cultural caiga por los suelos. Las razones son diversas, pero nunca única y exclusivamente por causa de la Red.
Joyce, Tolstoi o Galdós siempre han exigido un compromiso a sus lectores. En realidad, cualquier escritor, narrador, ensayista, dramaturgo o poeta exige en sus obras un esfuerzo de concentración y atención absoluta. Y los lectores siguen respondiendo a ese esfuerzo. Se puede estar leyendo un libro de más de mil páginas como 2666 de Bolaño y parar un instante en su lectura y enviar un tuit. Nada es excluyente. Las excusas quedan para reflexionar en ensayos de más de 300 páginas.
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